[Letras Bercianas]

* La de Sara R. Gallardo es una poesía tan bien construida, tan directa y cercana que obliga a la relectura, como un paisaje interminable: “El sol era marzo”.

* Un pacto con  la lucidez: “Todo un idioma entero para decir «nunca he estado en un lugar tan triste»”.

* El Año Romántico 2015 es una buena ocasión para regresar a Berlín, “a limpiarse los poros del amor”, pues como Sara -“soy extranjera en mi país, si es que existe-, tampoco Enrique Gil se acaba en un círculo (berciano).

No se lo creerán, pero anda por el mundo una de Ponferrada que escribe poesía y en pocos años ha vivido en Valladolid, Potsdam, Berlín y Madrid, las cuatro ciudades donde vivió el romántico Enrique Gil, y también ella viaja por libre, es libre, ha bebido en la fuente de la belleza y ha ido a  limpiarse los poros del amor a una ciudad extraña que acaba siendo tu propio cuerpo. Podría entrecomillar esta última frase, pero los lectores ya saben que es un verso de Sara R. Gallardo [Ponferrada, 1989], autora de Epidermia (El Gaviero, 2011), que acaba de publicar el poemario Berlín no se acaba en un círculo, editado por Ya lo dijo Casimiro Parker. Un lujo para la poesía.

Los lectores de versos ya saben que este cronista no escribe Dime que has soñado un poema. Dime que has soñado no un poema cualquiera, sino uno de largas líneas parabólicos, de versos cortísimos como las pestañas de los insectos.

Quienes aman la poesía, saben que los periodistas no escribimos Se me ve el hueso después de la caída, soy una niña en el parque y no sé si un animal.

La de Sara R. Gallardo es una poesía tan bien construida, tan directa y cercana que obliga a la relectura, como un paisaje interminable: “El sol era marzo”. “Al final la sangre ha salido por la nariz y la nostalgia por la boca”.

Y este pacto con  la lucidez: “Todo un idioma entero para decir «nunca he estado en un lugar tan triste»”.

Hay poemas de uno o dos versos, haikus berlineses: “Mis abuelos estaban de parte de los animales domesticados; yo estoy de parte de las palabras salvajes de los niños”. “Mis rodillas no son rodillas son dos cicatrices”. “El viento es el lugar donde nace la locura”.

El libro forma parte, o más bien nace, del itinerario biográfico de la autora, que ha vivido en Berlín, “una ciudad llena de trenes y de gente que viaja en ellos”, que ha vivido en Berlín el amor y el desamor a la orilla del lago, borracha en una noche de primavera, transitando el autobús 695 a Geistbahnof, “hasta el final de la línea”.

La autora, desnuda de ataduras, con la levedad a flor de piel, viaja sin embargo con un breve equipaje de mano: su infancia. “Mi padre, que me deja siempre en el aeropuerto, me dio un empujón justo antes de caerme por primera vez de una bicicleta, también sé que mi padre me soltó la mano justo antes de salvarme de morir ahogada…”.

La infancia transpira en el recuerdo del abuelo, “que está enfermo de memoria, que no sabe nada de una ciudad llamada Berlín”. Un poema extraordinario, que emociona y hace llorar. No les transcribo más de este poema: deben leerlo en Berlín no se acaba en un círculo.

El propio libro es poesía: tiene piel como de melocotón y páginas de seda, ilustraciones sencillas, ojos que te miran a los ojos y versos que te interrogan si les preguntas. Este cronista no sabía -¡desconocemos tanto!- de la editorial Ya lo dijo Casimiro Parker, cuyo nombre es una declaración de principios: el poemario de Gallardo suma sus versos a una Colección Poesía en la que figuran una veintena de poetas para mí desconocidos -¡tanto desconocemos!- que quizás no han acabado el bachillerato ese inútil, o tal vez tienen tres títulos universitarios y trabajan de camareros en Dublín y escriben versos en las servilletas del pub, mientras el rubicundo irlandés se toma la tercera pinta de cerveza. [¿Qué querrá decir rubicundo? Sospecho que es una palabra vetada en la editorial Ya lo dijo Casimiro Parker].

En la breve trayectoria de Sara R. Gallardo, que intuyo más que conozco, hay otros parentescos, por ejemplo con Elise Plain, quien escribe “quise irme lejos. de qué, no lo sé. Me llevará a Lisboa en un coche-cama tengo un orgasmo en-el coche-cama veo el amanecer desde-el-coche-cama”.

Sara dedica a la autora de Pan para la princesa [El Gaviero, 2011] su poema “pan de domingo”:

Hoy hay pan para comer.
hay pan duro de domingo.
hay conversación con mamá y la luz nublada.
hay querer volver.
querer volar.
tener una vida pequeña que tratar con cuidado
hoy hay un pan antiguo para comer,
comerlo por los bordes,
comerlo y vomitar.
no quiero marcharme de esta ciudad que me odia.
quiero conquistarla, yo sola
quiero
salir de este vaso que no moja el mundo
quiero
regresar.

En fin, yo no sé de poesía. Sé que leo “la ciudad posee la estructura de un cerebro adulto” y me hace pensar más que la Metafísica  de Aristóteles. Sé que hay versos de Sara R. Gallardo que no caben en la Wikipedia: “Paríamos plumas cuando niñas y sangrábamos el mundo entero”. Versos fundacionales que no vienen en el Diccionario: “Los ojos son como dos peces ciegos salpicando almohadas”.

A mí tampoco me gustan las metáforas. Por eso hoy comparto este gozoso hallazgo de la poesía en carne viva de Sara R. Gallardo. El Año Romántico 2015 es una buena ocasión para regresar a Berlín, “a limpiarse los poros del amor”, pues como Sara (“soy extranjera en mi país, si es que existe, somos extranjeros en mi cama, donde mis raíces se hunden y crecen hacia el sótano), tampoco Enrique Gil se acaba en un círculo (berciano). No, sino que su poesía, la de Gil y la de Sara, es “ancha y ajena”.

@ValentinCarrera

[Sara R. Gallardo, Berlín no se acaba en un círculo, Colección Poesía, editorial Ya lo dijo Casimiro Parker, Madrid, 2014]

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