eBooksBierzo presenta, por primera vez en ebook, la novela de Enrique Gil y Carrasco, El Lago de Carucedo, un despropósito romántico, descreído y profano, basado en la tradición popular. En 1490…. en un enclave mágico del Bierzo…. ¡muere hasta el apuntador! Una historia de amor y pasión, a la desesperada.

Con El Lago de Carucedo, eBooksBierzo continúa la divulgación de los clásicos bercianos, de nuevo en homenaje a Enrique Gil y Carrasco, cuya gran novela histórica El Señor de Bembibre, publicamos recientemente. El Lago de Carucedo (1840), aunque breve, es una obra mayor en la literatura de Gil; contiene el embrión de su novela larga y todos los elementos de una leyenda fantástica, inspirada en la tradición popular, a la manera de Bécquer o de Walter Scott, autor del antecedente La dama del lago.

Tras un largo viaje por su tierra, Gil y Carrasco elige un enclave mágico en el corazón del Bierzo: el lago de Carucedo, a tiro de piedra de Médulas y del castillo de Cornatel, un paisaje fascinante por su belleza, que el autor describe con la maestría de ser el primer paisajista español. Sobre este paisaje en primer plano, transcurre la leyenda, una historia de amor tortuoso e imposible: la pasión de dos hijos del pecado, Salvador y María, nobles bastardos condenados desde la cuna a la infelicidad.

María y Salvador se conocen, se aman, se desean apasionadamente; pero el poder turbio del señor feudal de Cornatel se interpone entre ellos y los extravía por los caminos de la vida. María, huérfana solitaria de una madre tocada por la brujería, recluida de convento en convento, es la virgen que, de puro mustia, enloquece. Salvador, personaje que anticipa al Señor de Bembibre, lucha contra los moros, conquista Granada, hace las Indias nada menos que como primer lugarteniente de Cristóbal Colón y regresa a casa cansado y derrotado, para hacerse monje en Villarrando.

El reencuentro de los dos amantes es terrible: Salvador adora en su celda un retrato de la Dolorosa de Durero en el que solo ve las facciones virginales de María. Ella, loca y febril, no reconoce a Salvador. Cuando de nuevo estalla entre ellos la pasión, es tarde: sus votos religiosos, su devoción, se interponen ahora como antes el bruto del castillo. Toda su vida devota y ejemplar, consagrada a la fe y a la oración, tiene una oscura recompensa: si ahora profanan los hábitos, pues se aman, les espera la condenación eterna. ¡Sea!: pueda más el amor que la amenaza del infierno. Apenas cometido el sacrilegio, el castigo divino se precipita en forma de una horrible catarata que sepulta a los amantes y sumerge el monasterio bajo las aguas de un hermoso lago.

El lago de Carucedo será, dice la leyenda popular que nos cuenta Gil, lugar de reposo eterno del amor; pero tal vez aguarda al lector alguna sorpresa que debe descubrir por sí mismo. Una novelita atea y socarrona, cargada de ironía sacrílega, donde nada es lo que parece. Un drama romántico subversivo, el amor en estado puro, cuya falta provoca la locura y la rebelión contra un dios sin misericordia. Quizás el texto más directo y profético en el que Enrique Gil y Carrasco expresa su radical incredulidad y, acaso, su propia desesperación personal.

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* Revista de Castilla y León